He aqui una historia que queria compartir contigo, se trata de un pícaro de las lejanas tierras de Azeroth. Sientate y disfruta del relato.
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Malkavnos el pícaro.
¿Cuantos años hace que soy así? Hace mucho que perdí la cuenta, durante casi toda mi vida me he dedicado a esto-
piensa mientras saca la espada del humano muerto ante si y se sienta encima- Mato sin compasión, sin remordimientos-
Se mira las manos y se las intenta limpiar un poco con la capa azul del paladín que se halla bajo de él.- Han derramado demasiada sangre como para limpiarlas, pero hubo un tiempo en las que no estaban así, hubo un tiempo en las que eran manos humanas, manos inocentes que nadie jamás hubiera pensado que pudieran matar a un hombre…. Que poco que duró aquello…
El pícaro se pode de rodillas y da la vuelta al cadáver de la dorada armaduraApenas con 14 años de edad mi padre me vendió a cambio de saldar sus deudas con la justicia, el Maestro Mathias Shaw, líder del IV:7 (Inteligencia de Ventormenta) me recogió, me cambió de ropa y me dio el que seria mi nuevo nombre durante los próximos 5 años: Aspirante A-214.
En ese lugar aprendí el arte del subterfugio, de andar sobre hilos donde colgaban campanillas sin hacer que sonara ni una sola, a matar y degollar sin hacer el mas mínimo sonido, allí convirtieron mis dagas en una parte mas de mis manos, me convirtieron en una maquina de asesinar. Aún recuerdo a mi primera victima, fue en el examen final en 5º año, la prueba consistía en meter a 5 alumnos en una casa a oscuras y ver cual de todos sobrevivía. Ninguno de los 4 consiguió llegar a verme. Al salir de la habitación miré mis manos ensangrentadas, de un rojo brillante que se quedó grabado en mis retinas al igual que en mi corazón, sus caras me perseguirán toda la vida, caras de sorpresa y horror tendidas en el cuarto en penumbras, las caras de quienes habían sido mis compañeros de habitación durante aquellos 5 años.
Volvió a mirarse las manos recordando aquella noche… ¡Como habían cambiado y a la par que similares eran!
Después de aquello me concedieron mi nombre: Malkavnos hijo de Malkav. Y me transfirieron a mi nueva unidad, la Segunda División, encargada del espionaje y asesinato de los rivales militares y económicos de Ventormenta. Exactamente en la sección encargada de sabotear a los No-muertos donde pasé la mayor parte de mi vida.
Coge gran maza del suelo y la contempla unos instantes, tras lo cual la lanza al precipicio de vacío abisal que hay apenas a unos metros de él, tras lo cual se sienta junto al cadáver a buscar su bolsa de dinero o algún objeto útil.Cierta noche, se nos encargó una tarea mas sencilla de lo habitual, asaltar un carromato con armamento nuevo para Entrañas, algo inusual para nuestra sección, la cual se encargaba de cosas mas serias, dejando esto para los recién llegados o combatientes con menos experiencia en combate, aún así eran órdenes por lo cual aceptamos sin preguntar, como siempre.
Al anochecer vimos llegar el carro, nos preparamos y nos pusimos en guardia, cuando de repente, a nuestras espaldas aparecieron gran cantidad veteranos guerreros que saltaron sobre nosotros. Vendimos cara nuestra derrota, conté más de 15 muertes de aquellos formidables guerreros antes de caer al suelo. La mía fue una gran muerte, pero no el fin de mi historia. A los pocos días desperté, atado a una cama de metal. Me habían resucitado, intentaron sacarme información sobre Ventormenta o sus próximos movimientos, mas solo encontraron silencio.
Tras varios meses de torturas, decidieron soltarme para que rehiciera mi vida (que ironía). Pensé en volver a Ventormenta, a mi hogar, mas de camino, me crucé con una partida de mis antiguos compañeros, y aunque fui en postura amigable e intentando hablar con ellos, solo conseguí gritos, ataques y conjuros de su parte… Derruido física y moralmente, vagué por los montes durante semanas o meses, sin otra cosa en mente que tenderme en el suelo y esperar a que la muerte me encontrara por segunda vez.
Se levanta y le propina un puntapié en las costillas al inerte humano, intentando así mitigar el odio. Mas su mente sigue vagando por el pasado... -Joder colega! ¿Qué te ha pasado? Estas hecho polvo! Anda, ven a mi casa, recupérate…- dijo un ser cadavérico que estaba a mi lado, intenté levantarme y decirle que no, que esto era lo que buscaba, mas solo conseguí levantar la cabeza lo suficiente como para que chocara contra el suelo al caer inconsciente.
Lo siguiente que recuerdo, es una mullida cama, un buen fuego en la chimenea y lo que olía como un estupendo guiso al fuego.
-Mira por donde! El dormilón ha despertado! Creíamos que estabas en un sueño eterno de esos de los elfos! Bueno, recuéstate en la cama que ahora mismo servimos la comida.- Dijo una bella No-muerta.
(¿Cómo, bella? Espera, ¿Desde cuando me puede parecer bella un saco de huesos? Pero en verdad lo es!)
Se tumba en el suelo, apoyando la cabeza sobre la dorada armadura y observa las estrellas… -Has elegido una bonita noche para morir, humano-Después de aquello, me quedé en aquella casa durante muchos meses, Junto con Valgan, su mujer Elbereth y la bella hija Libna. Trabajé como el que mas en la granja, pasando el arado y recolectando el fruto. Los mejores años de mi vida trascurrieron dentro de aquellas paredes, solo enturbiados por los acontecimientos de mi último día allí. Era noche cerrada y volvía a casa con el trofeo de mi expedición de caza, un venado casi tan grande como yo, cuando de repente, todos mis sentidos me alertaron para que me tirara al suelo. Desde detrás de un matorral, pude verlos, la guardia personal de Anduin Wrynn, el Rey de Ventormenta. Eran 20 y a la cabeza de ellos cabalgaba el mismísimo General Marcus Jonathan, héroe de mil batallas. El cual iba con las riendas en una mano y la espada ensangrentada en la otra riéndose jovialmente mientras hablaba con el que iba a su lado.
Los recuerdos de aquella noche hacen que su cuerpo tiemble de ira y dolor…Temiéndome lo peor, salí corriendo hacia la granja, mas no necesité acercarme mucho para saber lo sucedido, ya que a mas de medio kilómetro ya se podía ver como las llamas se alzaban sobre los árboles, -Por favor, ella no…- me dije mientras corría con todas mis fuerzas.
Se levanta del suelo de un salto, casi incapaz de contener las lagrimas mientras las imágenes siguen entrando en su cabeza como un torbellino…Salté la valla, y pasé entre los muros de fuego en los que se había convertido la plantación… Justo al salir de esta, mis peores temores se hicieron realidad como si de un martillazo en el pecho se tratara. Sobre el árbol se hallaba colgando con una daga hundida en el pecho, todo lo que mas amaba en este mundo, lo que había sido mi única familia. Mis piernas no consiguieron sostenerme y caí de rodillas al suelo, trastabillando me acerqué al árbol, lágrimas de sangre recorrían mis mejillas cuando vi la nota:
Por Real decreto.
Se hace saber que el soldado antes conocido “Malkavnos”,
es un traidor a la corona y se exige su cabeza.
Ha sido visto por El Bosque de los Argénteos.
Todo aquel que le proporcione ayuda o le resguarde
será tratado como traidor y ejecutado en el momento.
Sellado:
Bolvar Fondragon.
Regente de Ventormenta.
Desenfunda las espadas y las hunde en el pecho del paladín clavándolas también en la tierra que hay bajo éste. PORQUEEE? Porque tuvisteis que hacer esooo? Ellos no os habían hecho nada, NADAAAA!Grita a la cara del paladín muerto, llora y tiembla de dolor, mientras, las lágrimas caen sobre el rostro del humano…De camino a entrañas la ira recorría mis venas, apretaba fuertemente el mango del cuchillo, lo poco que se ha conseguido salvar de la casa ardiendo... -¿Traidor? ¡Si en toda mi vida no hice más que servir a la Corona! ¿Quieren un traidor? Pues no tendrán un traidor, ¡TENDRÁN UN ENEMIGO!
Sofoca un poco los sollozos, se levanta y mira en derredor… Respira hondo y se traga el dolor y la desesperación, guardándolo en su corazón. Mira al cadáver, ser acerca a él. -No eres “El” pero seguro que hubieras dado tu vida por protegerle.-
Se sube sobre el estomago del humano, acuclillándose coge los mangos de las espadas, viéndole así la cara cada vez mas blanca entre los filos de ellas- ¿Sabes que te digo? -
Acercando su cara a la de el, hundiéndole aún mas las espadas en el pecho- No has sido el primero de esta noche y… -
De un tirón arranca las espadas del pecho del humando, lanzando 2 chorros de sangre que cubren por entero al pícaro - Te prometo que no serás el Último! -
Le grita a la cara mientras arranca a correr en busca de su próxima victima.